lunes, 18 de febrero de 2013

La vestidura diaria de mi carcacha del alma

Esta vulgar de mi propiedad
/osamenta de mis ruinas/
vale tanto como mi vida
en él se levanta mi ser
para contemplar lo que el sol iluminó
grietas, cuarteaduras, cavernas
en donde habito en secretos pasadizos
Viene la tempestad
de mi naturaleza se desborda la paz
/los dedos escurriendose de Chopin/
para los caminos de mis caracoles
en mi oreja el viaje de su viento
el sonido qe me entra y enciende el seso
/como si me acompaña Chaplin/
es mi maquinaria osamenta
la vestidura diaria de mi carcacha del alma
el jet privado para mi imaginación
Qué terreno tan lindo este en que me encuentro
arrebatandole el espacio que recorrió el infinito
se llama vida del cuerpo sin cuento
este tan equiz tan ye del ser
timido frágil;  inmenso como insuficiente
se le acaba la gas en menos de 100 años
apenas tengo mi primer manojo de 25
y las cortinas de acero de mis párpados se cierran.

Ardo Astillo Oreno

sábado, 26 de enero de 2013

Cuento anónimo.


“No teníamos nada en común sólo la “pista de baile” (o más bien un salón en el que yo tomaba clases donde había salsa, rock and roll, mambo, merengue, etcétera). Yo cursaba salsa 1. Èl, mi maestro, quien tenía cuatro años más que yo, tenía una sonrisa de campeonato y la nariz operada. Me gustaba ver su mirada, sus piernas ágiles, su trasero en movimiento; observaba cada detalle, su camiseta imitación Tommy Hilfiger, sus mocasines de plasti piel, sus jeans  con salpicaduras de cloro “a la moda”. Me parecía tan…valiente. Cada clase cruzaba los dedos para que esa tarde, faltaran los hombres del grupo y forzosamente tuviera que bailar con él. La forma en la que me tocaba, rodeaba mi cintura, me indicaba la dirección de los pasos con su mano me parecía lo más erótico del mundo. Él lo sentía también, yo lo sabía. Flotábamos sobre la duela. Ginger Rogers me la pelas.
Yo estaba dispuesta a todo, dejaría mi vida de niña fresa por el amor de un maestro de baile. “Amor prohibido susurran por las calles” , rezaba la canción y yo me dejaba llevar embriagada por el aroma de su locución.
A fin de curso invitó a toda la clase a una noche de rock and roll que organizaba con su mejor amigo. El boleto decía:

“Gran Rock and Roleada (sic.). Llevar disfras (sic).
calle del puente 156, Coapa
Esa noche esperaría a que estuviera pedo y cuando me sacara a bailar me le lanzaría con todo. Beso, nalga, arrimón. Me puse una falda, calcetines a los tobillos, “ponytail” y suéter rosa. Julissa, me la pelas. Llegué a la fiesta, había mesas de plástico, techo de lamina, sabritones. Respiré profundo. Busqué con urgencia un trago y ¡oh sorpresa! sólo había refresco: mirinda o coca en vasito de platico transparente y no había más hielo que el hielo seco que en ese momento inundaba la pista. En lugar de salir corriendo me dije a mi misma con optimismo y sonrisa forzada “esto es México”.
Él salió a la mitad de la pista y para empezar la noche, dio un show. Estaba “vestido de Elvis”. Gel Xiomara. Yo me convencí de que el show estaba padre. Lo que no estuvo padre es que salvo un saludo de tres segundos, no me sacó a bailar en toda la noche, nada. Ni una sola pieza. Ni siquiera se sentó a platicar. Me ignoró por completo. Cuando ya los invitados se empezaban a ir, empezaban las baladas y en la bocina se escuchó “Lagrimas de juventud” de Lorenzo Antonio y, la neta, me pegó. No lloré.
Llegue a mi casa, me serví un whiskey derecho, me deshice mi “ponytail” (Julissa chinga tu madre) y desde el más profundo despecho de mis labios, pronuncié eso que luché por contener por tantos meses, eso horrible que no quería decir, eso que grite con toda la fuerza posible: eres un pinche ñero. Entonces sí llore, de rabia, de dolor, de juventud.
El verano pasó. El módulo siguiente era “chachachá”. Decidí continuar. Pero muy pronto descubrí que con el corazón roto no se puede bailar ese ridículo género que consiste en brinquitos “un, dos, undostres” ni mantener la dignidad mientras te rebotan las chichis y los cachetes y la canción que bailas dice “los marcianos llegaron ya y llegaron bailando richachá”. Pero a demás el enamoramiento se esfumó cuando lo vi bailar. Se movía horrible y sonreía mientras brincaba el muy pendejo. Ricacha. Ricacha. Ricacha. Se acabo dejé las clases para siempre.
Muchos años han pasado y la herida sanó. Sin embargo, cada vez que en una boda escucho “lo quiero a morir” de Zayda, la negra dinamita, algo en mi vientre se contrae y aparecer un deseo incontrolable de verlo aparecer en la pista. “es un cuchillo que me corta las venas, lo quiero a morir”.
                  anonim@---- 8.P


lunes, 17 de diciembre de 2012

Qué plan nos aterriza el vuelo

Qué plan nos aterriza el vuelo
por dónde el sueño nos cuela al concreto
deben ser las grietas que beben de las gotas
deben ser las botas con su polvo del camino
que nos ha entierrado la vista
que nos ha enlodado el prospecto
Es la realidad del aspecto en rededor enredador
Lo mortecino del viento en el filo del lamento
Como del labio derramar el espectro del desprecio
El camino debe abrirse a otros rumbos
con sus juncos y arbolitos
con las lluvias amanecidas en la aparición del bosque
en la población de mosquitos aeronaves con sus vuelos en el vuelco del descanso
El pasto verde la letra negra los fondos blanquiazules
mar que si no es frescura es aliento de lo inmenso
Entre tanto todo derrumbándose
/así como te lo escribo pregúntale al cerro/
en el continuo asombro de rodillas
rasgando de lo eterno el momento
en mi cuerpo como en el suceso
de mi seso para este tiempo que atravieso.

                                               Ardo Astillo Oreno


viernes, 28 de septiembre de 2012

Estriñido


Como tapón de galaxia
siento entre la garganta
En el cerebro la barda
muralla china para las ideas
locas quieren brincarla
Mueren no pasan más
No nace flor de cerebro mío
agua/sol alago del alma que nutra
hace falta el oro del viento
Lamo la gas al auto
para ver si así hay manera de andar
¡Chas!, ¿qué será?
el impulso en la Física
como empujar al carrito
en juego de la metita de los morritos 
Hirviendo tras el vidrio esferal
de mi cabeza cubierta
impulsos de carnaval y mil inventares  
Golpes de martillos son necesarios
por el cráneo a toda costa mientras
                                           ronco
Es pasmado mi ser
tras cada paso
en el colapso de la civilización
como buscando
el lugar donde estoy
aceitando oscuro mi ser.

                        Ardo Astillo Oreno

jueves, 20 de septiembre de 2012

cONTRA iNDUCTORIO

 Me desgajo de la masa del recuerdo
Rompí el filo en los perímetros del cubo
Helo fuego a la luz del día
/extensa noche/  
Bocado por bocado me atraganto de imágenes
Descanso que me canso los riñones
Hincho mis ojos
 se me adelgaza el espíritu
Desciendo para elevarme
Vuelo en mi reptar de rodillas
entre la complejidad de lo sencillo
me concentro cuando divago
La atención me agarra en la pendeja
y yo le hago cosquillas a las costillas
Grito al contemplar de su esos
cayo cuando cómodo todo
Disgrego mi ser para poder integrarme
me integro como es el desmoronamiento
y cachito a cachito entero
me alejo para estar cerca
íntegro desintegro la malicia
se me construye los cíclico
.


                                                               Ardo Astillo Oreno.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Recuerdo que sentí el llamado de la naturaleza

Recuerdo que sentí el llamado de la naturaleza
era como si me pidiera salir corriendo con toda fuerza
Como si supiera en qué forma  los caminos eran todos míos
Un nervio ido que me recorría el pulso
/el impulso misterioso del universo/
me tiraba las paredes
me mostraba el engaño de los vidrios 
giraba con mi ser poseyéndole como quien deforma sus partes
gritaba por dentro la conciencia de mis movimientos y mis vientos
Una molécula de aire supo que era mi tiempo
me llevó con la de los rayos solares
de los ojos de la pastora
que a todos nos la controla
/te lo juro por el universo/
desde el haz de luz que somos
hasta la molécula que nos forma  
Vi mi viaje en la cresta de la ola
acariciando su briza moví mi ímpetu
Me vi despegándoseme de la tierra mi espíritu
esta calcomanía de la manía de la vida
el teatro se me caía se desprendía como quien levanta el pegote
Recuerdo de nuevo ahora sentado
mi padre diciendo fue sólo un mal sueño´
/yo accediento de mi octavo sentido
que fui a recoger en mi vuelo/


                                               Ardo Astillo Oreno

jueves, 13 de septiembre de 2012

Rugidas del asidero

Contamos con tenazas para asirnos del mundo
para hacer de él los ganchos que nos penetran
Curiosa forma de sujeción
de las maneras en la doma
de las mareas de metáforas
/la marca=== de las distancias/
la merma que nos entierra
también se renace siempre presente
/necesidades del asco/
qué distinta la red tendida
del ´día que ya pasó
qué distinto tejido en los rincones
configurando nociones
realidades de interdelirantes
interdialectáles
hipersensoriales
Me nacen de las fauces niñas
palabras que dan peso de milenios
nos hacen dar un paso al frente
rugido de la fuerza.
  

                                 Ardo Astillo