jueves, 24 de octubre de 2013

A ver sisentiende

El inesperado familiar
El lugar era alborotado, en aquel momento yo lo frecuenté no importa porqué motivo, pero basta decir que quedaba cercano a mi hogar, la tarde era soleada, con ese sol del valle de México que es muy deslumbrante, el lugar conocido por tanto lleno de personas que acudían a tomar un trago, piso de tierra con un poco de aserrín regado, mesas de plástico, realmente era un patio grande, pedí un curado de avena y me fui a sentar hasta el fondo, lugar donde había una mesa ocupada por una sola persona.
Una mesa de plástico cuadrada con la palabra Victoria en letras rojas escrita sobre su lomo, había un señor que miré y no le saludé puesto que se veía que pensaba profundamente en algún suceso, y me miró pero parece que no me hubiera visto, me senté y comencé a percibir el ambiente que era disperso, se escuchaba música de algún corrido, veía con atención los rostros de los contertulios, escuchaba una que otra risa esporádica, daba sorbos a mi curado de avena, el señor que estaba en la misma mesa que yo me comenzó a causar curiosidad por los gestos que hacía, se veía realmente preocupado, ponía rostro de afligido el pobre señor quien tenía una caguama con él y la mirada perdida con quién sabe dónde no me miraba ni por error, comencé a pensar porqué tenía esas expresiones tan sufribles en su rostro.
Seguí distrayéndome con el rededor, degustando ese sabor a avena. Pero las facciones del tipo aquél no dejaban de atraerme, me preguntaba para mis adentros si estaría triste, enojado, decepcionado, nervioso, no lograba acertar por sus gestos su estado de ánimo, sólo lo veía extraño.
Entre el fondo de las mesas, cerca de la barra que estaba a un lado de la puerta de entrada, llegó un joven acompañado de una muchacha y tras ellos una señora de considerable edad. Atravesaron entre las mesas sin dificultad, seguros, con paso firme y llegaron a un lado de donde yo estaba con  mi tarro, miraron al señor quien al ver a este grupo de gente se paró y los saludo con mucho cariño, yo entre mí pensé: primero, qué mal sitio para citar a la familia, segundo, este señor tiene en un problema, desde la forma en que saludó a los que llegaron puedo notarlo, de inmediato mi reacción fue levantarme del lugar, ir por sillas y poner las necesarias a saber: una para la señora, a la que le dije; "buenas tardes tenga usted señora, disculpe el ambiente, pero qué le vamos a hacer, adelante", enseguida coloqué una silla a un lado mío y le dije a la muchacha de alrededor de 17 años, "señorita buenas tardes, adelante tome asiento, aquí estamos su padre y yo esperándolos, espero no les disguste mucho el aspecto del lugar", en el siguiente acto coloqué la tercer silla al otro lado de mí y le dije al muchacho que traía una camisa de rayas y pantalón de vestir negro peinado con una especial atención; "siéntate hijo, ahorita a ver qué nos dice".
El hombre por su parte saludaba a cada uno de ellos y para cuando los acabó de saludar con un abrazo lleno de sentimiento yo ya estaba colocando mi silla en un ángulo de la mesa. Todos me miraron cuando la arrastre metiendo las piernas bajo la mesa, para lograr sentarme derecho, el señor aún hacía como que yo no estaba ahí, pero era inevitable verme, yo lo miraba y él a su vez miraba a los que habían llegado, yo le dije a la señora que podía si quería pedir un trago, ella no me miró, le recomendé el de mango, y que pidiera dos refrescos para los niños, el señor no sabía qué decir, por su aspecto parecía que lo embargaba la emoción, y fue cuando me volteó a ver, los niños-jóvenes miraban al señor como si fuera una persona que hace tiempo no veían, la niña se atrevió a preguntarle al señor, ¿Cómo estás?, el señor respondió, "aquí ando, ya ves."
Yo por mi parte me paré y fui por otro trago, entre mi dije, esta no me la pierdo, llegué de vuelta al sitio y les dije; "Hombre pues gente, qué les sucede, ¡ánimo!, a ver cuenten, cuenten, ¿Qué sucedió?, mire a la señora y le dije, dígame cómo se porta, qué le sucede".
El señor dijo: "creo que este no es el mejor lugar".
Yo pensé que eso ya lo había pensado desde que los vi entrar, la esposa dijo que no era buena idea empezar ahí, yo les dije; "hombre, mujer, usted no se agüite que nadie nos oye, dile compañero, -le dije al hombre- dile lo que tenías ganas, lo que estabas pensando cuando llegué aquí y te noté que pensabas, pero no nos hablamos".
El señor dijo: "será mejor que nos vayamos a otro lado", yo por buscar romper esa tención que se había creado les dije; "bien, es evidente que es un momento difícil, no tienen que hacerlo saber, se ve, pero usted mi amigo quiete ese rostro que ya están aquí, tu nena vélo es tu padre y siempre lo será", después le dije a la mujer: "usted señora comprenda, no es necesario que me explique cuando a leguas se ve lo sucedido, aunque será mejor que acudan a otro lugar a solucionar eso de lo que yo no estoy enterado. Deberían de hacerlo cuanto antes porque este pobre hombre- y le puse la mano en el hombre aquél-se ve que ya no puede más", y continué: "ya sé que a lo mejor hizo intentos pero usted también debe comprenderlo, así lo quiso desde un principio y ahora lo tiene y no debe sino apoyarlo y comprenderlo", la señora me miró con incredulidad.
El hombre se levantó de su lugar y espero a que su joven hijo y su joven hija le secundaran para salir tras, mientras yo me quedaba mirando desde la mesa el acontecimiento de eso que no sé bien si fue un reencuentro, era un ajuste de cuentas, o sólo este cuento.
Ardo Astillo Oreno

jueves, 19 de septiembre de 2013

Es que no quería seguir transcribiendo y mejor me puse a dictarme como cuando un chorro de agua se sale de la manguera con fuerza.

Esta tristeza incorpórea
que le busco pies
caminos por donde poderla arrastrar
manos
una pieza donde la pueda agarrar
para zafarla
dispersa en mí
la nada de su cuerpo
me recuerda lo que valgo

lo que tengo
todo.

En medio de mi ser estas enormes dimensiones
encapsulado por el pulso de mis malas decisiones
Uno es un caracol con la casa de metal a las espaldas
que cuando se arrastra en realidad se hunde
es un cobardón que dejó de arriesgarse
que dejó de aventarse del acantilado matutino
Todo se torna espeso
todo se vuelve moquiento
a mis veintitantos aquí bajo las faldas de mi madre
como en el más fresco día del campo
bajo los bigotes
linda barba de mi padre
qué me avergüenzo diez aves de mi vuelo fallido
Cómo decirte la honda nada
donde nada de onda  y nado pero no me salvo de estar mal
es toda la parte de la cascada mi culpa
Lo mejor en la granada de esta rojiza amenaza de mi apestocidad
es pirarme de este hueco
perderme en el camino diario del gusano que abordo
degollar mi vista de la quietud que me congela sin ver para fuera
mirando todo lo que ya mié
yo sé que fui el falto de valor
del amor que a un ser humano se le brinda
la roca que se estrelló en su frente para dejarle ese cielo estrellado limpio.
Sin una flor en su pelo
sin un pescado de vida que busca regresar a su lugar de origen
quiero zafarme
quiero desprogramarme por unos meses que se debe respirar
pensar
andar y encontrarse con la pausa o la pauta
la puta belleza que me hace mirarla en todas las damas
fuking -si tan sólo…-
hubiera corrido a tiempo menos cuarto
mi animalidad no la hubiera desbordado como el derrumbe que la sepultó



Así de cabrón como el huracán que desmadró todo el país
es que pasó porque mi amor la quería y ella ya se había desenamorado
y aún teníamos ganas de mirarnos
cuando de rojo se pintó la tarde
en un horizonte distinto
decidió fugarse
dejar el cielo de estrellas limpio
no sé
se las llevaría a su casa
a mí me borro de lo espectacular todo suceso
en serio
río como momia
y ahora que aquí en esa noche
 oscuridad

el fondo de la noche que también es su superficie
oscuridad donde juego con mis dedos
y los jugos que me brotan de la oreja
me dreno el recuerdo
en un rato me adentro a las sombras
en fin
es casi como estar de muerto
pero con risas y hambre y comidas salvajes
la extraño hasta el fondo de toda mi locura
como cuando paso por el hospital psiquiátrico
sin entrar nunca ya nos conozco a todos.

.

                               Ardo Astillo O.

viernes, 16 de agosto de 2013

Curioso sentimiento que al verme en el animal me nace

Curioso sentimiento que al verme en el animal me nace
como con el ave donde me recuerdo el canto desde la granja en una pata
cuando era un pollo y no sabía  cómo emprender este  vuelo
Recurvo con las lombrices aquel escarbar un hoyo
me retorcijo entre sus ondulas
De los caballos el galope del viento
la mescolanza con mis cabellos
el casquete del mastico todos mis nervios
Del mismo miedo el pez que navego
entre el aire espeso
Viene la flor que revive mis horas de enraizamiento
Con cada roca
la estática estética justa  que apestó nuestra esencia
reparo a reposar mi alma en el cuerpo de los cuerpos
Ya fuimos un día el día
fundimos nuestros alientos
estirando los brazos como rayos
escupiendo las tormentas de la lengua
evaporando nubes de mi sudor
Conglomerado en estas conexiones neurales
en este bache de mi estómago
en este canto del gallo desde una pata. 


                                       Ardo Astillo Oreno.

miércoles, 14 de agosto de 2013

La lejanía de mi astro

Hay cuerpos celestes que están alejándose a cada momento.

Eso mismo le pasa a mi cuerpo
va evolucionando
dejándome atrás cada día 
erosionando mi piel. 

Ahora el hombre desde el que estoy contenido
desde el que hoy estoy dentro 
este Fulano amigo de Mengano conocido por Perangano
es un extraño de las magas que me acompañaron
resulta lejano del niño que fui
del muchachito que reconocía la esencia de nuevos momentos
de un olor que se le atrapaba en la imagen
recorriéndole por el laberinto del seso.

Este hombre que desde el espejo mientras le escribo me mira
con el rabillo de mi ojo y su mirada hilarante me pide que lo sostenga
que siga adornándole su osamenta
tendiéndole puentes
aunque mi mente sea una barranca
por la que a diario bajo
entre basura para recolectar las flores
y realizar labores que tampoco son ya cotidianas
que también me alejan de mi.

Ardo Astillo Oreno

lunes, 1 de julio de 2013

Cuatro. El billete robado

Yo no sé de dónde he sacado tanta suerte, seguro a otro le hubiera pasado diferente. Esa tarde por cuestiones que no van al caso explicar buscaba yo de lo prohibido, como se sabe que lo prohibido no está a la vista de todos, hay que buscarlo con los ojos bien puestos en cada señal que te lo pueda siquiera insinuar.
Caminaba en ese barrio alborotado, el más de la ciudad de México, dos malandros sentados me lanzan la señal con el ojo y les respondo acercándomeles, me dicen si busco lo prohibido, les confirmo con la cabeza, uno de ellos, el mayor, me dice que él puede venderme pero necesito darle el dinero y esperarlo junto a su camarada, quien era un menor que lo podía sentir más pequeño de edad que yo, acepto la propuesta y le doy mi billete, entonces él desaparece de la escena y no sé hacia dónde fue.
Al cabo de cinco largos y pesados minutos saco mi celular para ver el tiempo y el niño, con quien me había quedado esperando la mercancía, me dice que le deje ver mi teléfono, que él tiene uno parecido, yo acepto y le doy mi teléfono para que lo examine y me responde que le gustó el aparato, le digo que es mío y a mí también me gustó por eso lo traigo, el niño comienza a caminar sin regresarme mi teléfono mientras me hace del conocimiento que ya no me lo va dar, que le gustó, insiste, y que ahora es de él, lo sigo unos cuantos pasos, diciéndole que me regrese mi pertenencia, que no es de él ese aparato hasta que lo arrincono en el espacio de un puesto sin mercancía.
Ahí en medio de la calle, a un lado del río de gente que caminaba y compraba toda clase de ilegalidades y complacencias, el morro me dice que yo le di el celular y ahora es de él, mientras lo saca de su bolsillo y a la par se le cae un billete de quinientos pesos, entonces yo me agaché levanté el billete y me eché a correr, al momento que tomé el billete ya estaba casi arrancando mi carrera y el pobre niño no se dio cuenta que se le caía su asqueroso dinero, por tanto sólo acertó dar un paso hacia atrás cuando me agaché a levantar el dinero, pienso que él pensó que lo quería golpear, pero se dio cuenta que era su billete lo que me llevaba, supongo que hasta que echó a correr tras de mí que ya para entonces el universo me había ayudado a voltearles la treta que me querían aplicar, y no era otra cosa menor que robar.
Salí corriendo rumbo a una zona segura, me detuve donde sentí que no sería agredido, poco después, habló de segundos de sentirme seguro en el refugio que era la entrada de la estación a aquél El Barrio Bravo, apareció el niño con mi celular en la mano y su amigo con mi billete en hondeando, el más grande me gritó: “Devuélvele su billete a mi carnal”, yo le respondí: “Tú dame mi dinero y mi celular”, a lo que me contestó con hechos, le regresé su billete y me dieron mis pertenencias, regresé a mi pueblo sin el material por el que iba de la ilegalidad, pero con una lección de no volver a dar mis cosas a los que me las pidieran de buenas a primeras por las calles. 

Ardo Astillo Oreno

lunes, 24 de junio de 2013

Le pago con letras para mis actos.

  -a ver si les late cacahuates, de lo primero quescribo en mi laburo.-
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“En la Saga de Njal, Thangbrand, misionero sajón, canta una misa y Hall le pregunta para quién celebra esa fiesta. Thangbrand responde que para Miguel el Arcángel y agrega que ese arcángel hace que las buenas acciones de las personas que le gustan pesen más qué las malas.”
J.L.B. Obra Crítica VOL. I Pág. 112.

“Un rayo de horror hace crujir mi sombra,
pero invoqué al arcángel San Miguel y en mis ojos distribuyó la luz como la mañana en un cañaveral.”
-Carlos Pellicer-

Tirado en mitad de la calle pienso si con alguna de mis acciones he logrado gustarle a Miguel el arcángel, de alguna forma, no es que yo sea muy creyente pero con unos buenos litros de alcohol en la sangre, después de haber insultado a una niña porque me miró mal mientras yo pasé corriendo a su lado, después de haberle aventado un tabique, con intención de dañar al tipo que intentó no sé qué hacer luego que yo insulté de manera cruelísima a la pequeña anónima, luego que logré escapar sólo por correr más que él, aunque me persiguió.
Aquí tirado y mareado, después o antes, no importa, pero de decirle al señor Cuevas, que me dijo; “No soy oficial, soy policía y sabes que me acabas de insultar” por decirle que era un estorbo en el andén, luego me reclamó que él no era un estorbo porque el lugar donde estaba parado no correspondía a la entrada de la puerta del tren próximo a abordar, y yo contestarle que eso era cosa la cual yo no podía saber sino hasta llegado el tren, y por tanto para mí estorbaba, y era un estorbo.
Aquí en esta banqueta luego o antes o después, en alguna ocasión de no darle el asiento a una vieja, ni tan vieja, que cargaba a una niña que a simple vista se veía odiosa, y bien podían ir paradas ambas medusas, y fingirme con una lesión, cuando otro anónimo súper héroe citadino me reclamó mi acción, patética en otro mundo, y yo me burlé de él, porque unos policías lo regañaron por meterse con mi mala educación de no dar el asiento a viejas con nenes que bien se podrían parar pero cargan para generar no sé qué derecho.
Luego pensar en la que le dije que yo no había empezado a ladrar cuando me pidió que le hiciera un huequito entre la bola de gente, y yo le dije ¡No!, y ella me contestó que entonces me fuera en taxi si quería ir cómodo, y yo le dije que ahí iba cómodo y que yo no la había molestado, ella había empezado a…guaf, guaf, guaf.
Después de ese tipo de sucesos Miguel aquél arcángel debe tomar este texto que hago con todo cariño para con los que me he reñido, a los que he insultado por sólo mirarme o no mirarme, o mirar algo que yo no veo, o tener qué ver en lo que yo no creo, aquéllos que he despreciado y de los cuales me he logrado escapar ileso, por ejemplo al que hoy le di el tabicazo por tratar de hacer justicia al insulto que de forma animal, grotesca, sin razón, ni conciencia le hice a una menor.
De ponerme a contar cada acción en las que he faltado al santo caos universal será menester crear dos o tres textos, resúmenes o abluciones sobre fenómenos irracionales como los de mis comportamientos, o unas letras que intenten llegarle a un poema para que no se vaya la balanza de mi compadre el arcángel de un lado más que del otro.
Ahora aquí, en esa banqueta, semi dormitando al recordar al arcángel me da la impresión de que debo trabajar para que se compense lo que en este día ha sucedido, para que en la papelera de su escritorio de cristal en mis reportes de buena conducta, pueda leer; “Este escribió un texto”, de tal suerte que represente para el arcángel una compensación por dos: ya que pesan más las acciones buenas que las malas, el tabicazo y el insulto a la niña son un recado, así que es menester escribir algo más para pagarle haberle dicho estorbo al policía y haber embebido tanto para quedarme tirado como un palo en medio de la calle, donde me acordé de mi salvador al que le pongo entre sus papeles este texto para que me salde de la deuda una parte, y no me reencuentre de nuevo con las fieras de mis adentros.

Ardo Astillo Oreno.