lunes, 1 de julio de 2013

Cuatro. El billete robado

Yo no sé de dónde he sacado tanta suerte, seguro a otro le hubiera pasado diferente. Esa tarde por cuestiones que no van al caso explicar buscaba yo de lo prohibido, como se sabe que lo prohibido no está a la vista de todos, hay que buscarlo con los ojos bien puestos en cada señal que te lo pueda siquiera insinuar.
Caminaba en ese barrio alborotado, el más de la ciudad de México, dos malandros sentados me lanzan la señal con el ojo y les respondo acercándomeles, me dicen si busco lo prohibido, les confirmo con la cabeza, uno de ellos, el mayor, me dice que él puede venderme pero necesito darle el dinero y esperarlo junto a su camarada, quien era un menor que lo podía sentir más pequeño de edad que yo, acepto la propuesta y le doy mi billete, entonces él desaparece de la escena y no sé hacia dónde fue.
Al cabo de cinco largos y pesados minutos saco mi celular para ver el tiempo y el niño, con quien me había quedado esperando la mercancía, me dice que le deje ver mi teléfono, que él tiene uno parecido, yo acepto y le doy mi teléfono para que lo examine y me responde que le gustó el aparato, le digo que es mío y a mí también me gustó por eso lo traigo, el niño comienza a caminar sin regresarme mi teléfono mientras me hace del conocimiento que ya no me lo va dar, que le gustó, insiste, y que ahora es de él, lo sigo unos cuantos pasos, diciéndole que me regrese mi pertenencia, que no es de él ese aparato hasta que lo arrincono en el espacio de un puesto sin mercancía.
Ahí en medio de la calle, a un lado del río de gente que caminaba y compraba toda clase de ilegalidades y complacencias, el morro me dice que yo le di el celular y ahora es de él, mientras lo saca de su bolsillo y a la par se le cae un billete de quinientos pesos, entonces yo me agaché levanté el billete y me eché a correr, al momento que tomé el billete ya estaba casi arrancando mi carrera y el pobre niño no se dio cuenta que se le caía su asqueroso dinero, por tanto sólo acertó dar un paso hacia atrás cuando me agaché a levantar el dinero, pienso que él pensó que lo quería golpear, pero se dio cuenta que era su billete lo que me llevaba, supongo que hasta que echó a correr tras de mí que ya para entonces el universo me había ayudado a voltearles la treta que me querían aplicar, y no era otra cosa menor que robar.
Salí corriendo rumbo a una zona segura, me detuve donde sentí que no sería agredido, poco después, habló de segundos de sentirme seguro en el refugio que era la entrada de la estación a aquél El Barrio Bravo, apareció el niño con mi celular en la mano y su amigo con mi billete en hondeando, el más grande me gritó: “Devuélvele su billete a mi carnal”, yo le respondí: “Tú dame mi dinero y mi celular”, a lo que me contestó con hechos, le regresé su billete y me dieron mis pertenencias, regresé a mi pueblo sin el material por el que iba de la ilegalidad, pero con una lección de no volver a dar mis cosas a los que me las pidieran de buenas a primeras por las calles. 

Ardo Astillo Oreno

lunes, 24 de junio de 2013

Le pago con letras para mis actos.

  -a ver si les late cacahuates, de lo primero quescribo en mi laburo.-
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“En la Saga de Njal, Thangbrand, misionero sajón, canta una misa y Hall le pregunta para quién celebra esa fiesta. Thangbrand responde que para Miguel el Arcángel y agrega que ese arcángel hace que las buenas acciones de las personas que le gustan pesen más qué las malas.”
J.L.B. Obra Crítica VOL. I Pág. 112.

“Un rayo de horror hace crujir mi sombra,
pero invoqué al arcángel San Miguel y en mis ojos distribuyó la luz como la mañana en un cañaveral.”
-Carlos Pellicer-

Tirado en mitad de la calle pienso si con alguna de mis acciones he logrado gustarle a Miguel el arcángel, de alguna forma, no es que yo sea muy creyente pero con unos buenos litros de alcohol en la sangre, después de haber insultado a una niña porque me miró mal mientras yo pasé corriendo a su lado, después de haberle aventado un tabique, con intención de dañar al tipo que intentó no sé qué hacer luego que yo insulté de manera cruelísima a la pequeña anónima, luego que logré escapar sólo por correr más que él, aunque me persiguió.
Aquí tirado y mareado, después o antes, no importa, pero de decirle al señor Cuevas, que me dijo; “No soy oficial, soy policía y sabes que me acabas de insultar” por decirle que era un estorbo en el andén, luego me reclamó que él no era un estorbo porque el lugar donde estaba parado no correspondía a la entrada de la puerta del tren próximo a abordar, y yo contestarle que eso era cosa la cual yo no podía saber sino hasta llegado el tren, y por tanto para mí estorbaba, y era un estorbo.
Aquí en esta banqueta luego o antes o después, en alguna ocasión de no darle el asiento a una vieja, ni tan vieja, que cargaba a una niña que a simple vista se veía odiosa, y bien podían ir paradas ambas medusas, y fingirme con una lesión, cuando otro anónimo súper héroe citadino me reclamó mi acción, patética en otro mundo, y yo me burlé de él, porque unos policías lo regañaron por meterse con mi mala educación de no dar el asiento a viejas con nenes que bien se podrían parar pero cargan para generar no sé qué derecho.
Luego pensar en la que le dije que yo no había empezado a ladrar cuando me pidió que le hiciera un huequito entre la bola de gente, y yo le dije ¡No!, y ella me contestó que entonces me fuera en taxi si quería ir cómodo, y yo le dije que ahí iba cómodo y que yo no la había molestado, ella había empezado a…guaf, guaf, guaf.
Después de ese tipo de sucesos Miguel aquél arcángel debe tomar este texto que hago con todo cariño para con los que me he reñido, a los que he insultado por sólo mirarme o no mirarme, o mirar algo que yo no veo, o tener qué ver en lo que yo no creo, aquéllos que he despreciado y de los cuales me he logrado escapar ileso, por ejemplo al que hoy le di el tabicazo por tratar de hacer justicia al insulto que de forma animal, grotesca, sin razón, ni conciencia le hice a una menor.
De ponerme a contar cada acción en las que he faltado al santo caos universal será menester crear dos o tres textos, resúmenes o abluciones sobre fenómenos irracionales como los de mis comportamientos, o unas letras que intenten llegarle a un poema para que no se vaya la balanza de mi compadre el arcángel de un lado más que del otro.
Ahora aquí, en esa banqueta, semi dormitando al recordar al arcángel me da la impresión de que debo trabajar para que se compense lo que en este día ha sucedido, para que en la papelera de su escritorio de cristal en mis reportes de buena conducta, pueda leer; “Este escribió un texto”, de tal suerte que represente para el arcángel una compensación por dos: ya que pesan más las acciones buenas que las malas, el tabicazo y el insulto a la niña son un recado, así que es menester escribir algo más para pagarle haberle dicho estorbo al policía y haber embebido tanto para quedarme tirado como un palo en medio de la calle, donde me acordé de mi salvador al que le pongo entre sus papeles este texto para que me salde de la deuda una parte, y no me reencuentre de nuevo con las fieras de mis adentros.

Ardo Astillo Oreno.

lunes, 17 de junio de 2013

Cuando en la letra entra el hilo podría alargarse hasta el infinito

Cuando en la letra entra el hilo podría alargarse hasta el infinito y siempre algo nuevo recrearnos. El monstruo lenguaje que en capricho mismo de su ontogénesis nos articula como mejor conduce lo que queremos decir, pobre bestia mansa que deja de lado en la orilla del lago todo lo que nos acompaña, bien se sabe que nombrar es marcar la vereda, dejar la verdad a kilomántricas reflexiones detrás, congelar el momento pero a la vez tasajearlo de la sensación que lo crea, dejar un fragmentado, algo que es un descompleto de letras. Compañeros acampados bajo pinos lo saben, deben decidir, mientras beben del sol, la  luna, el lago el bosque, los mohos y sus aromas aquello lejos de la civilización que se encapsula en papas fritas y salsa catsup, la descripción es la frialdad, es el momento sin los sentimientos, como el hueso sin tuétano. Bailes, brincos de hambre, mar o metas; todo en el gran cuadro olvidado por estas letras que hilan, hilan hasta un suéter tejer que es la obligación para el frio infernal de aquel humano que alguna vez fue y sigue volado con más de 5 propulsores en sus 7 sentidos, infinitos como vidas dentro de la única- el tormento- que  le tocó vivir. Pero  se nace y algo nos te me toca, atemoriza y atormenta como rayos, ¡oh cielos! Luz, el día cálido, los pajarillos en canto que se deja llevar, se deja traer, deja ir y deja venir como ahora que adoraba esta planificación en mi vuelo, casi en punto de chamuscar algo significativo, es decir sin significado y la caprichosa que nos lo te le transmite con nuestras esferas receptoras, nuestros agujeros discriminatorios. Mansión del lenguaje se erige en arte de ella misma con brotes barrocos en las marquesinas del tiempo.


                                                                                              Ardo Astillo Oreno 

lunes, 18 de febrero de 2013

La vestidura diaria de mi carcacha del alma

Esta vulgar de mi propiedad
/osamenta de mis ruinas/
vale tanto como mi vida
en él se levanta mi ser
para contemplar lo que el sol iluminó
grietas, cuarteaduras, cavernas
en donde habito en secretos pasadizos
Viene la tempestad
de mi naturaleza se desborda la paz
/los dedos escurriendose de Chopin/
para los caminos de mis caracoles
en mi oreja el viaje de su viento
el sonido qe me entra y enciende el seso
/como si me acompaña Chaplin/
es mi maquinaria osamenta
la vestidura diaria de mi carcacha del alma
el jet privado para mi imaginación
Qué terreno tan lindo este en que me encuentro
arrebatandole el espacio que recorrió el infinito
se llama vida del cuerpo sin cuento
este tan equiz tan ye del ser
timido frágil;  inmenso como insuficiente
se le acaba la gas en menos de 100 años
apenas tengo mi primer manojo de 25
y las cortinas de acero de mis párpados se cierran.

Ardo Astillo Oreno

sábado, 26 de enero de 2013

Cuento anónimo.


“No teníamos nada en común sólo la “pista de baile” (o más bien un salón en el que yo tomaba clases donde había salsa, rock and roll, mambo, merengue, etcétera). Yo cursaba salsa 1. Èl, mi maestro, quien tenía cuatro años más que yo, tenía una sonrisa de campeonato y la nariz operada. Me gustaba ver su mirada, sus piernas ágiles, su trasero en movimiento; observaba cada detalle, su camiseta imitación Tommy Hilfiger, sus mocasines de plasti piel, sus jeans  con salpicaduras de cloro “a la moda”. Me parecía tan…valiente. Cada clase cruzaba los dedos para que esa tarde, faltaran los hombres del grupo y forzosamente tuviera que bailar con él. La forma en la que me tocaba, rodeaba mi cintura, me indicaba la dirección de los pasos con su mano me parecía lo más erótico del mundo. Él lo sentía también, yo lo sabía. Flotábamos sobre la duela. Ginger Rogers me la pelas.
Yo estaba dispuesta a todo, dejaría mi vida de niña fresa por el amor de un maestro de baile. “Amor prohibido susurran por las calles” , rezaba la canción y yo me dejaba llevar embriagada por el aroma de su locución.
A fin de curso invitó a toda la clase a una noche de rock and roll que organizaba con su mejor amigo. El boleto decía:

“Gran Rock and Roleada (sic.). Llevar disfras (sic).
calle del puente 156, Coapa
Esa noche esperaría a que estuviera pedo y cuando me sacara a bailar me le lanzaría con todo. Beso, nalga, arrimón. Me puse una falda, calcetines a los tobillos, “ponytail” y suéter rosa. Julissa, me la pelas. Llegué a la fiesta, había mesas de plástico, techo de lamina, sabritones. Respiré profundo. Busqué con urgencia un trago y ¡oh sorpresa! sólo había refresco: mirinda o coca en vasito de platico transparente y no había más hielo que el hielo seco que en ese momento inundaba la pista. En lugar de salir corriendo me dije a mi misma con optimismo y sonrisa forzada “esto es México”.
Él salió a la mitad de la pista y para empezar la noche, dio un show. Estaba “vestido de Elvis”. Gel Xiomara. Yo me convencí de que el show estaba padre. Lo que no estuvo padre es que salvo un saludo de tres segundos, no me sacó a bailar en toda la noche, nada. Ni una sola pieza. Ni siquiera se sentó a platicar. Me ignoró por completo. Cuando ya los invitados se empezaban a ir, empezaban las baladas y en la bocina se escuchó “Lagrimas de juventud” de Lorenzo Antonio y, la neta, me pegó. No lloré.
Llegue a mi casa, me serví un whiskey derecho, me deshice mi “ponytail” (Julissa chinga tu madre) y desde el más profundo despecho de mis labios, pronuncié eso que luché por contener por tantos meses, eso horrible que no quería decir, eso que grite con toda la fuerza posible: eres un pinche ñero. Entonces sí llore, de rabia, de dolor, de juventud.
El verano pasó. El módulo siguiente era “chachachá”. Decidí continuar. Pero muy pronto descubrí que con el corazón roto no se puede bailar ese ridículo género que consiste en brinquitos “un, dos, undostres” ni mantener la dignidad mientras te rebotan las chichis y los cachetes y la canción que bailas dice “los marcianos llegaron ya y llegaron bailando richachá”. Pero a demás el enamoramiento se esfumó cuando lo vi bailar. Se movía horrible y sonreía mientras brincaba el muy pendejo. Ricacha. Ricacha. Ricacha. Se acabo dejé las clases para siempre.
Muchos años han pasado y la herida sanó. Sin embargo, cada vez que en una boda escucho “lo quiero a morir” de Zayda, la negra dinamita, algo en mi vientre se contrae y aparecer un deseo incontrolable de verlo aparecer en la pista. “es un cuchillo que me corta las venas, lo quiero a morir”.
                  anonim@---- 8.P


lunes, 17 de diciembre de 2012

Qué plan nos aterriza el vuelo

Qué plan nos aterriza el vuelo
por dónde el sueño nos cuela al concreto
deben ser las grietas que beben de las gotas
deben ser las botas con su polvo del camino
que nos ha entierrado la vista
que nos ha enlodado el prospecto
Es la realidad del aspecto en rededor enredador
Lo mortecino del viento en el filo del lamento
Como del labio derramar el espectro del desprecio
El camino debe abrirse a otros rumbos
con sus juncos y arbolitos
con las lluvias amanecidas en la aparición del bosque
en la población de mosquitos aeronaves con sus vuelos en el vuelco del descanso
El pasto verde la letra negra los fondos blanquiazules
mar que si no es frescura es aliento de lo inmenso
Entre tanto todo derrumbándose
/así como te lo escribo pregúntale al cerro/
en el continuo asombro de rodillas
rasgando de lo eterno el momento
en mi cuerpo como en el suceso
de mi seso para este tiempo que atravieso.

                                               Ardo Astillo Oreno


viernes, 28 de septiembre de 2012

Estriñido


Como tapón de galaxia
siento entre la garganta
En el cerebro la barda
muralla china para las ideas
locas quieren brincarla
Mueren no pasan más
No nace flor de cerebro mío
agua/sol alago del alma que nutra
hace falta el oro del viento
Lamo la gas al auto
para ver si así hay manera de andar
¡Chas!, ¿qué será?
el impulso en la Física
como empujar al carrito
en juego de la metita de los morritos 
Hirviendo tras el vidrio esferal
de mi cabeza cubierta
impulsos de carnaval y mil inventares  
Golpes de martillos son necesarios
por el cráneo a toda costa mientras
                                           ronco
Es pasmado mi ser
tras cada paso
en el colapso de la civilización
como buscando
el lugar donde estoy
aceitando oscuro mi ser.

                        Ardo Astillo Oreno